Martes, 03 de agosto de 2010

La Dama Esbelta de la calle Luna

La Dama Esbelta De La Calle Luna


El barrio de tierra blanca es de los m?s antiguos de la ciudad de Durango en virtud de que su cercan?a al templo de Analco, lugar donde se edifico la primera ermita en territorio Tepehuan en el a?o de 1556, hizo que fuera de las primeras en poblarse.

El nombre de tierra blanca, lo recibe de la tierra de ese color que abundo en la zona, tierra arcillosa que se huso mucho en las construcciones con diger?a para compactar el techo, raz?n por la que tambi?n le dec?an tierra de azotea. Por su antig?edad esta lleno de leyendas y los pobladores de la zona, acostumbraban en las tibias tardes de los meses de abril, mayo y junio sentarse en las puertas de sus casas a contarles leyendas a sus hijos y naturalmente tambi?n la escuchaban los vecinos.

Tiempos aquellos del Durango antiguo que se fueron para no volver jam?s. Las leyendas del carretonero de Analco la casa de heracleo, el perro negro de la calle bravo y otras m?s, datan de aquellos tiempos de que se quedaron escondidos para siempre en el arco de nuestros recuerdos.

Tambi?n la leyenda que ahora les contamos que algunos la titulan la dama esbelta de la calle de Urea y otras le dicen la muchacha de cuerpo de tentaci?n y cara de arrepentimiento, es de ese ramillete de leyendas que nos contaban los ancianos cuando rodeados de chiquillos empezaba diciendo don Jos? Maria: Aunque usted no lo crea, lo que les voy a contar a m?o me sucedi? y se los cuento por que no quiero que a ustedes les suceda.

Una vez cuando la luna se hab?a ocultado en el poniente y los gallos de la media noche empezaban a cantar yo caminaba a paso lento por la calle de Urrea y lo hacia lento por que venia muy cansado de trabajar el turno en la casa redonda y hab?a salido a las once en punto.

Cuando pase el puente de la pesadilla y me enfile rumbo al sur mas o menos en la cuadra de la escuela revoluci?n advert? que caminava como a cincuenta pasos delante de mi una mujer alta de cuerpo delgado y bien proporcionado. Se balanceaba ligeramente al andar como lo hacen las muchachas j?venes para despertar la atenci?n de los muchachos que las contemplaban. Enfundada en un vestido cortado a su medida lucia su cuerpo femenino de extraordinaria belleza.

Al atravesar una de las boca calles entre arista la brillante y amarilla luz del foco ilumino su cuerpo, que por su belleza era capas de seducir al hombre mas fri? e indiferente.

Yo hombre cincuent?n a quien no le hacen caso las muchachas, me olvide de mi edad y decid? conquistar a aquella mujer que a paso lento pero segura avanzaba delante de mi.

Apresure el paso para darle alcance, pensando que de un momento a otro llegaba a su casa y me privaba de mi intenci?n de cuando menos echarle un piropo de enamorado.

Cuando advert? que la distancia no se reduc?a, acelere mis pasos par acercarme un poco mas a esa bella mujer que no me cansaba de contemplar. La muchacha a mi juicio aparentaba unos veinte o veinte dos a?os y era sumamente raro que anduviera sola a las doce de la noche por la calle de Urrea, zona solitaria en la d?cada de los treintas cundo las cosas ocupaban mucho espacio por los solares que pose?an.

Mil pensamientos cruzaban por mi mente y en mi razonar atropellado legue a la conclusi?n que se trataba de una mujer liviana que sal?a de sus casa a esas horas dispuesta de encontrar a un hombre con quien pasar la noche y recibir por sus favores unos cuantos pesos con los que se hacia vivir ella y su familia, si la tenia. Me entusiasmaba la ida da hacerla mi novia por su belleza y juventud y luego de que ella se desenga?ara de que yo no era casado, entonces casarme con esa mujer y bella aunque yo ya estuviera un tanto fuera de edad.

Decidido a todo, acelere el paso dispuesto a colocarme a su lado, saludarla con atenci?n y luego sacarle pl?tica que seria el preludio de nuestra relaci?n amorosa. Acelere mas el paso, tanto como mi capacidad de andar?n me lo permit? pero nunca la pude alcanzar. La distancia de tres a cuatro pasos parec?a que nunca acortaba, sin embargo ella en su espalda se mostraba serena, sin apuros ni precipitaciones y la indiferencia o valent?a que mostraba para caminar de noche sola, me parec?a a mi una gran interrogaci?n.

No supe cuantas cuadras camine siguiendo a aquella mujer de cuerpo sensual y escultural y solamente recuerdo que fue exactamente en la cuesta o subida de la calle cuando le di alcance y enloquecido por mis pensamientos de lujuria, antes de hablarle, quise, tomarla de la Cintura por que yo quer?a sentir el cuerpo cerca de m?.

El cabello ondulado que ca?a graciosamente debajo de los hombros, me hab?a impedido mirar algo de su cara para adivinar con mediana exactitud sus facciones. Sin embargo, la proporci?n de su cuerpo y gracia en el andar siempre me llevaron a pensar que su cara era delgada, de color empi?ado y expresi?n angelical. Cuando ella sinti? que le hab?a puesto la mano en la cintura, volteo su cara para contemplarle y que yo la contemplara, pero no tuve tiempo de mirarla, como fulminado por un rayo ca? al suelo y permanec? tirado en aquel sitio por toda la noche.

A la ma?ana siguiente despert?, era mediado del mes de mayo, cuando el sol sale temprano y antes de las seis de la ma?ana empieza a iluminar con su luz amarilla los pretiles de las casas.

Hasta entonces me di cuenta de que estaba tirado en la calle y las personas pasaban y me ve?an.

No falto quien dijo:

-Es don Jos? Maria que anoche se le pasaron las copas y no pudo llagar a su casa. Antes que nada, luego luego record? lo que av?a pasado la noche anterior y mi cuerpo se llano de escalofri? y de espanto al recordar la cara de la muchacha a la que av?a intentado tomar de la cintura.

Era un esqueleto, una calavera sin ojos, sin nariz sin mejillas que me causaba pavor y espanto recordarla.

A nadie quise contar lo que me av?a sucedido por que me iban a juzgar de loco y en el momento dado dude de lo que av?a visto, pensando que hab?a so?ado asta que don Crist?bal, hombre m?s joven que yo, me cont? lo que av?a sucedido y tambi?n se desmayo al verla.

Pronto se corri? la voz generaliz?ndose el hecho de que han sido muchos trasnochadores quienes han vivido esa experiencia desagradable. Todav?a despu?s de cincuenta a?os, la historia se repite hay quienes manifiestan que han visto la misteriosa mujer no a las doce de la noche, si no entre nueve y diez.

Quienes han escuchado la leyenda, no se atreven a seguirla, se santiguan, rezan y cambian de calle.

Sin embargo, la esbelta dama de la calle de Urrea, sigue transitando por su calle, pero ya no encuentra quien la siga.

As? nos cont? la historia don Jos? Maria hombre bonach?n que nunca se caso y le gustaba mucho platicar leyendas de Durango Antiguo cuando los chicos nos sent?bamos en la orilla de la butaca a escuchar sus relatos.

El tiempo a pasado, algunas calles ya cambiaron de nombre, muchas casas fueron remodeladas y se modificaron sus fachadas, pero las leyendas de los viejos tiempos, siguen cultivando a los ni?os que las escuchan.

?Copyright 1987 LeyendasDeDurango. Todos los derechos reservados.


Publicado por Malintze @ 13:44  | Mitos Leyendas
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios