Domingo, 03 de agosto de 2008

 

Cuando se dijo que se acabaria Durango

Corría el año de gracia de 1974, el año aquel en que sucedieron muchas cosas, cuando en el meritito día de la Santa Cruz, Dios guarde la hora, a las tres de la tarde, un tecolote se paro en la iglesia del Señor de la Expiración del Nayar y luego se puso a cantar como si lo hiciera a la luz de la luna en la media noche. La gente se horrorizo por el siniestro presagio y al contemplar el cielo miró que surco el firmamento una parvada de pericos verdes en señal de mal agüero.

Cuando todos se preguntaban que iría a pasar, una vieja ya entrada en años, renca y con el cuerpo encorvado, la cara llena de arrugas y con una verruga negra en la nariz, dijo con voz pausada al numeroso grupo de mirones que la rodeaban. Esta escrito, que sobre la ciudad de Durango caerá una gran tormenta, una tromba, culebra o tornado que inundará el Valle del Guadiana, arrasara con todo y no quedara ni una sola casa. Nadie saldrá con vida, solamente los que abandonen la ciudad antes de que termine la luna del mes de junio.

El terrible siniestro no se podrá evitar, porque la profecía se cumplirá al pie de la letra y después de muchos días, tal vez meses o años, cuando ya no quede de la vieja ciudad ni un solo rastro, pasará por donde hagan cruz los caminos, un hombre viejo, que arreando un burro expresara en voz alta. ¡Aquí estuvo la ciudad de Durango! Cuando la vieja termino el discurso, la multitud que la rodeaba, no dijo nada, taciturnos y tristes se dispersaron llevando una gran angustia en el corazón. La noticia se extendió como reguero de pólvora, que prendida por el fuego, se extiende por todas partes sin que se pueda evitar.

Un viejo arriero que conducía un atajo de jumentos cargados con carbón y llegaba a la ciudad por el rumbo de la cuesta de la cruz cuando en el barrio del santuario de Guadalupe recibió la noticia de que estaba próximo el fin de la CD. De Durango, exclamo sin inmutarse. Es muy cierto a mi me dijo la pitonisa doña Concha que cuando el tecolote canta de día, estará próximo el momento en que de día o de noche, saldrá el toro negro de cuernos de oro que asiste en las entrañas del cerro del mercado, el cual se enfrentara con el borrego de dos cabezas, que oculto en el cerro de la campana, permanece encantado por muchos siglos, desde cuando el toro le ganó la pelea se apodero de la montaña de plata. El borrego de dos cabezas no se ha dado por vencido, saldrá a reclamar sus dominios. El encuentro será cataclismico, la luna oscurecerá al sol, millones y millones de litro de agua se precipitaran sobre la tierra, rayos y centellas iluminaran el universo y la ciudad de Durango desaparecerá de la faz de la tierra, como desapareció la ciudad de la Atlántida y aquí en México el puerto de Bagdad en el Edo. De Tamaulipas. El agua lo inundara todo, no quedara persona humana para contarlo y la existencia de la ciudad de Durango se convertirá en leyenda.

Sin embargo, los días, las semanas y los meses pasaron, formando parte del devenir infinito del tiempo y así como las paginas de un libro que por viejo se deshoja, el rumor y la noticia de que la ciudad de Durango desaparecería del mapa de la Republica Mexicana quedo como lo que fue. Un rumor popular, una noticia amarillista, una fantasía de pitonisas y abuelos que cuentan cuentos.

 



Cuando se dijo que se acabaria Durango
Corría el año de gracia de 1974, el año aquel en que sucedieron muchas cosas, cuando en el meritito día de la Santa Cruz, Dios guarde la hora, a las tres de la tarde, un tecolote se paro en la iglesia del Señor de la Expiración del Nayar y luego se puso a cantar como si lo hiciera a la luz de la luna en la media noche. La gente se horrorizo por el siniestro presagio y al contemplar el cielo miró que surco el firmamento una parvada de pericos verdes en señal de mal agüero.
Cuando todos se preguntaban que iría a pasar, una vieja ya entrada en años, renca y con el cuerpo encorvado, la cara llena de arrugas y con una verruga negra en la nariz, dijo con voz pausada al numeroso grupo de mirones que la rodeaban. Esta escrito, que sobre la ciudad de Durango caerá una gran tormenta, una tromba, culebra o tornado que inundará el Valle del Guadiana, arrasara con todo y no quedara ni una sola casa. Nadie saldrá con vida, solamente los que abandonen la ciudad antes de que termine la luna del mes de junio.
El terrible siniestro no se podrá evitar, porque la profecía se cumplirá al pie de la letra y después de muchos días, tal vez meses o años, cuando ya no quede de la vieja ciudad ni un solo rastro, pasará por donde hagan cruz los caminos, un hombre viejo, que arreando un burro expresara en voz alta. ¡Aquí estuvo la ciudad de Durango! Cuando la vieja termino el discurso, la multitud que la rodeaba, no dijo nada, taciturnos y tristes se dispersaron llevando una gran angustia en el corazón. La noticia se extendió como reguero de pólvora, que prendida por el fuego, se extiende por todas partes sin que se pueda evitar.
Un viejo arriero que conducía un atajo de jumentos cargados con carbón y llegaba a la ciudad por el rumbo de la cuesta de la cruz cuando en el barrio del santuario de Guadalupe recibió la noticia de que estaba próximo el fin de la CD. De Durango, exclamo sin inmutarse. Es muy cierto a mi me dijo la pitonisa doña Concha que cuando el tecolote canta de día, estará próximo el momento en que de día o de noche, saldrá el toro negro de cuernos de oro que asiste en las entrañas del cerro del mercado, el cual se enfrentara con el borrego de dos cabezas, que oculto en el cerro de la campana, permanece encantado por muchos siglos, desde cuando el toro le ganó la pelea se apodero de la montaña de plata. El borrego de dos cabezas no se ha dado por vencido, saldrá a reclamar sus dominios. El encuentro será cataclismico, la luna oscurecerá al sol, millones y millones de litro de agua se precipitaran sobre la tierra, rayos y centellas iluminaran el universo y la ciudad de Durango desaparecerá de la faz de la tierra, como desapareció la ciudad de la Atlántida y aquí en México el puerto de Bagdad en el Edo. De Tamaulipas. El agua lo inundara todo, no quedara persona humana para contarlo y la existencia de la ciudad de Durango se convertirá en leyenda.
Sin embargo, los días, las semanas y los meses pasaron, formando parte del devenir infinito del tiempo y así como las paginas de un libro que por viejo se deshoja, el rumor y la noticia de que la ciudad de Durango desaparecería del mapa de la Republica Mexicana quedo como lo que fue. Un rumor popular, una noticia amarillista, una fantasía de pitonisas y abuelos que cuentan cuentos.

Tags: historias y leyendas

Publicado por Malintze @ 9:38
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